Después de varias horas de avión que pasamos leyendo y viendo películas a las 22:30 (00:30 hora local) completamos la primera parte del viaje. Desde el cielo conseguimos ver el famoso hotel de Dubai y otros rascacielos erigidos junto al Golfo Pérsico iluminando la oscuridad de la noche.
Tras un breve escala en el aeropuerto (lleno de palmeras, dorados y bastante calor húmedo), a las 2 de la mañana-hora de Dubai-embarcamos con destino a Singapur. Este trayecto lo hicimos completamente dormidos, en mi caso gracias a un Orfidal de mi abuela.
A las 9:30 de la mañana llegamos al aeropuerto de Singapur-14:30 hora local-y una hora después cogimos el vuelo a Brisbane. El trayecto duraba otras siete horas.
Cuando por fin pisamos Australia y cruzamos todos los controles era ya la 1 de la mañana.
Media hora después llegamos al hotel y directos a dormir, aunque el cuerpo lo que me pedía era comer...
Durante los cuatro días siguientes hemos recorrido varios barrios de Brisbane, nos hemos abierto cuentas corrientes, hemos visto algunas casas para vivir, nos hemos bañado en la piscina del hotel y en el jacuzzi al aire libre, hemos hecho una primera aproximación a la vida nocturna de la ciudad, y varias cosas más que iré relatando en próximas entradas.
Hay que decir que la gente por lo general es muy amable, beben mucha cerveza y creo que les hace gracia nuestro acento o que a veces no nos enteramos de nada. ¡Debe ser que contestamos lo que nos parece cuando nos parece!
El clima es bueno, similar al de mayo en Madrid, las calles están muy limpias, no hay porquerías en el suelo ni el río y los coches circulan tranquilamente. Amanece a las cinco de la mañana y anochece a las seis de la tarde.
Hoy domingo hemos salido a tomar una pizza junto al río y he hecho algunas fotos. Esto es lo que se veía en la zona del distrito financiero a las cinco de la tarde, entre otras cosas, mi cara de pereza dominguera:



Brisbane, 24 de octubre de 2010.
Fotos by me.






