Sumida en días de descanso, alejada de penitencias, procesiones y playas, me encuentro de pleno entregada al arte de hacer poco y disfrutar mucho.
Ayer comencé mi Semana Santa particular, la más particular de todas las que he pasado hasta ahora, merendando chez Le Pain Quotidien de la calle Fuencarral un hipercalórico gofre belga (no me preguntéis en qué se diferencia del gofre español) con frutas de temparada y un té (chai, decía la carta) con leche de soja. ¡Pretencioso pero sabroso!
Por la noche cenamos en
La Dichosa (
calle Bernando López García). Y qué bien cenamos en La Dichosa (nota mental: el lunes salir a correr).


Foto de la página web de La Dichosa . Segunda foto by me.
Con lo difícil que es encontrar sitio en esta pequeña taberna moderna, no caímos en la cuenta de que quizás, la ciudad se había quedado desierta. Ingenuamente, teníamos la idea de salir después de cenar por Malasaña -de romper Malasaña- pero no contábamos con el hecho de que Madrid estuviera tan vacía. Así que nos retiramos antes de lo planeado. Bien por nosotros, hoy estábamos como nuevos.
Hoy hemos ido al cine a ver la película del vampiro Pattinson. Entorno al concepto de la muerte trágica, se desarrolla la trama de la película con un post-adolescente-atormentado-incomprendido protagonista (el anteriormente conocido como Cullen) que empieza a recuperar el sentido de su existencia cuando conoce a una chica también curtida en experiencias traumáticas desde su más tierna infancia. Lo mejor, el final. Al menos, me ha sorprendido.